La gordofobia es el miedo, el odio y el asco sistematizados hacia las personas gordas y hacia la gordura en general. No es un problema de autoestima, sino una violencia estructural. Es una forma de clasificar a las personas a partir de sus cuerpos que genera desigualdad, violencias y discriminación.
La gordofobia se nutre de estereotipos y prejuicios sobre las personas gordas que sostienen la discriminación. Ideas como que somos vagas, que no nos esforzamos, ni nos cuidamos, que estamos tristes o enfermas nos acompañan diariamente y afectan a cuestiones fundamentales como el acceso al empleo, a la sanidad, las relaciones sociales o el espacio público.
Hablar de gordofobia es hablar de una discriminación sistemáticamente invisibilizada. En España casi la mitad de la población —un 47,5% según el INE— tiene un cuerpo considerado fuera de la norma (“sobrepeso” u “obesidad”). Sin embargo, apenas existen estudios, diagnósticos oficiales o políticas públicas que analicen el impacto real de esta violencia.
Esta ausencia de información forma parte del problema: revela qué cuerpos se consideran dignos de ser cuidados, protegidos o estudiados, y cuáles pueden seguir siendo marginados. Por eso, investigar y financiar estudios sobre gordofobia es urgente. Sin datos no hay diagnóstico, y sin diagnóstico no hay transformación. Aunque apenas haya investigación sobre nuestra situación, el movimiento anti gordofobia lleva años denunciando las barreras que enfrentamos. Estas son alguna de ellas:
● Discriminación médica en los diagnósticos, tratamientos y el material sanitario.
● Maltrato institucional y social.
● Discriminación laboral en los procesos de selección y el acceso al trabajo.
● Acoso escolar y callejero.
● Violencia familiar y de pareja.
● Dificultad para acceder al espacio y mobiliario público.
● Dificultad para vestirnos.